Deseo en Bratislava

Volvía a ponerme en movimiento. Necesitaba moverme aunque es cierto que también necesitaba el descontrol y la energía juvenil del Party Hostel. Pero era tiempo de comenzar el viaje de regreso, por ello tenía que pasar por Bratislava. Lo primero que me sorprendió es lo bien cuidada que está la ciudad y lo segundo el grupo de señoritos andaluces que conocí en el albergue elegido. Por casualidad hablé con ellos en la terraza del hostal con la correspondiente cerveza. Resulta extraño, era la primera vez que hablaba mi propio idioma en todo el viaje y resulta que no me gustó, puede que tampoco quisiera usarlo con ellos. Así que decidí cenar solo en el casco histórico de la ciudad.

Un par de platos típicos y unos vinos después estaba preparado para irme a dormir. Ya no podía salir más después de tanto Sudapest (como bautizó el gran Jvt), bueno en realidad Bratislava es mucho más tranquilo y un martes (a diferencia de Budapest) no había quien encontrara una fiesta digna.

La suerte, una vez más, estuvo de mi parte. Me crucé por el camino con … (diantres,…me olvidé de su nombre)…llamémosla Valentina (V para este blog). Resulta que estaba esperando al tranvía para volverse a su casa y venía de celebrar su nuevo puesto de trabajo. Después de unas risas juntos me aventuré a invitarla al día siguiente a comer, pues el riesgo que llegara el último tranvía era inminente. Rechazó mi invitación aludiendo al novio que le esperaba en casa de ambos. Una razón contundente.

Rainbow warriorr

Rainbow warrior

Pero otra vez me sonrió la fortuna y el último tranvía había pasado hace tiempo y fue ELLA la que decidió (siempre deciden ellas) tomar la última cerveza con un total desconocido como era el menda. Lo mejor que podía ocurrirme la última noche de mi viaje. Encontramos un bar abierto a eso de la una de la mañana, creo que en la parte de abajo del bar había un club de striptease (recordamos que era martes). Nos dedicamos a departir (que bonita palabra departir) de la historia de España, de Eslovaquia, de su vida, de mi vida, de nuestros miedos, de nuestras proezas, de lo humano, de lo divino, de su novio…en definitiva de cualquier cosa que se nos pasaba por la cabeza. Sin ningún tabú. Creo que lo especial de aquella conversación fue la cercanía que, sin lugar a dudas, creaba el anonimato en un momento especial para los dos, con ganas de ser escuchadas nuestras preocupaciones y sueños.

No lo sabía en ese momento, pero la conversación excitó más a la muchacha que lo que pudiera aportar mi físico…pero no adelantemos acontecimientos…

Salimos del bar, pero antes V acabó de un trago la media pinta que le quedaba y pagó las cervezas. Gestas que no he visto nunca en chica española nunca…y menos que sea rubia y de cuerpo escultural (un poco de autobombo para creérmelo un poco). Como decía, salimos del bar riendo y compartiendo una noche única para ambos cuando en un momento dado nuestros rostros se enfrentaron en una discusión. No aguantó más y me besó como, estoy seguro, no besará a su novio el día de su boda (si acaso).

Yo deje fluir el momento. ¿Cómo podía yo estropear su día perfecto? A saber: nuevo puesto de trabajo, fiesta con sus amigas hasta tarde y ligue extranjero. ¿Cómo podía?… Lo dejé fluir y ella lo recordará siempre. Me recordará siempre (y yo a ella).

No obstante yo ejercía de abogado del diablo y le (o quizás la,…maldito leísmo) advertía que su novio se extrañaría de que llegara tan tarde y acabaría por saberlo. Durante pequeños instantes ella parecía recapacitar y volver a la “cordura” de su vida de casada. Solo a los pocos segundos volvía a buscar mis labios. No dudé nunca en besarla apasionadamente, como creo que he aprendido hay que hacer cada vez que se besa. Si no se besa con pasión, mejor no beses. Quizás fue eso lo que atrapó su lengua en la mía…o quizás fue la conversación distendida, alegre y divertida que mantuvimos. La verdad desconozco la razón, pero desde ahora mostraré la misma pasión besando que manteniendo una conversación.

No lo podía creer. No me sentía tan deseado en AÑOS y eso es una droga difícil de dejar. El deseo, en ambos sentidos (tanto si lo recibes como si lo ejerces) es tan adictivo como el crack, para el que además no hay metadona.

Ella también lo sabía . Yo era su desliz en la vida perfecta que llevaba y cuando yo amagaba para alejarme ella se aferraba fuerte a mi, sin dejar escapar mi pechera, para poder saborear el “elixir” del pecado por última vez en su vida…..joooooder, aquí si me he pasado de cursi. Pero así es.

Súbitamente, al ver un taxi, su cara cambió y pareció como su mente avanzaba en el futuro de marido e hijo en su confortable casa. Nada perturbaría ese futuro planeado desde hace décadas y se fue negando mi ofrecimiento de darle mi número de teléfono por si alguna vez pasaba por Madrid. Con un “no quiero volverte a ver en mi vida” se despidió. Como vino se fue y me dejó inmóvil en una plaza de Bratislava sonriendo.

Había sido el mejor colofón y ya podía regresar a mi país. NO sin antes reflexionar, camino al hostal, lo bueno que es el alcohol (sin querer hacer apología al mismo). Nos libera de nuestros miedos y nos hace actuar como realmente somos o como nos gustaría ser, y no lo digo por mi pues yo había tomado 2 vinos y una cerveza. Me quito el sombrero ante quien es auténtico sin el alcohol. Yo estoy trabajando en esa dirección: buscarme para averiguar como soy realmente y como me gustaría ser…a ver lo que consigo.

No me cabe duda que V volverá a su casa también sonriendo, por el día memorable que ha vivido. Por su puesto recordará siempre el día de su boda (si se casa) pero también recordará el día que le ascendieron y conoció al chico español tan simpático. Y en eso consiste la vida mangurrianes…guardar pocos recuerdos, pero alucinantes. Recuerdos que nos hagan sentir especiales y únicos en este mundo de sinsabores. No solo liarse conmigo o poner los “cuernos” a vuestros novios/as son recuerdos memorables, hay muchas otras formas. Simplemente con hacer lo necesario para ser felices cuando queráis y que nada se interponga en ese camino a la felicidad. Toma ya..un poco más de moralina.

Un clásico para acabar..

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