La noche en Budapest, Szimpla y otros aventuras.

La última mañana en Balatonfürer se antojaba ambiciosa. Cueva, tiendas, playa, ski acuático y rápido para coger el tren de las 15.00. Sí, correcto habéis leído bien, ski acuático, bueno era una tabla así que sería algo así como snowboard-acuático. Apuré un poco para poder intentarlo, sólo intentarlo. Porque ponerse en pie en la tabla es bastante complicado y lo único que hacía era estampar mi cara contra el agua una y otra vez. Seguramente media hora más y lo habría conseguido o quizás tan solo hubiera acabado con agujetas en el careto. Pero aunque me costó relativamente caro para el poco tiempo que estuve y no conseguí levantarme en esa maldita tabla mereció la pena. En un viaje hay que buscar algún tipo de distracción más allá de ver museos, hacer escapadas o deleitarse con la comida. También hay que experimentar nuevas aventuras que no se puedan encontrar en nuestras ciudades aunque sean caras y crear recuerdos memorables como acabar con dolores en todo el cuerpo por intentar algo nuevo….y este niños, ha sido la mierda de consejo del día.

Una vez acabado mis treinta minutos de fracasos continuados me quedaba un largo trecho para coger mi mochila y el tren. No había tiempo para débiles y con el calor sofocante de las 14.00 comencé a correr unos cuantos kilómetros cuesta arriba para no perder el tren a mi siguiente desafía, Budapest.

A la ida fui en un tren que paró en todas las estaciones pero para la vuelta creí ser más listo y compré un billete de fast train. Bueno es que son unos cachondos estos húngaros, de fast train no tenía nada. Es cierto que hacía menos paradas pero el tren iba más lento y las 2.30 horas no me las quitó nadie (aproximadamente lo mismo que el convencional). Por otra parte el tren era old fashion school, más cómodo que el moderno sí pero sin aire acondicionado. Vaya travesía, 2 horas y media de calor insufrible…sudando como en una sauna. Menos mal que la casera donde dormí la noche anterior me dio una botella de un litro y medio de agua FRESCA (por supuesto con gas). Fue mi única salvación en lo que yo llamaré  mi experiencia en el “Fast Train towards death” .

Por fin llegue a mi destino, pero lo primero que necesitaba era dormir. El cansancio pudo conmigo. No estoy seguro si llegué a dormirme, pero al “despertar” conocí a dos ingleses que técnicamente me despertaron ellos a mi, aunque es cierto que yo les desperté primero cuando entré en la habitación (fair enough). Parecía que el hostal estaba muy tranquilo y no debería ser así porque en la web anunciaban que era el hostal de la fiesta. Más tarde me enteré que había un festival de música, el Sizget que según reza su slogan es la isla de la libertad.

Ese festival no era para mi, después de Roskilde ya tenía festivales suficientes. Ahora tocaba disfrutar de la noche de Budapest, que como leí hace tiempo es como el Madrid de los años 80 con La Movida. Muchos locales underground y una intensa vida cultural y nocturna, creo que todos sabemos cual era la vida que yo estaba buscando.  Así que con mis nuevos compañeros de viajes a los que yo llamaba TED y FLIRT (no eran sus verdaderos nombres, pero ellos tampoco me llamaban por mi verdadero nombre) y un nutrido grupo de inglés-parlantes del hostal salimos de fiesta por los sitios más independientes de la ciudad, empezando por el más que recomendable Szimpla. Se trata de un edificio casi derruido en el que alberga uno de los mejores antros de la ciudad. Pero eso sí todo muy cuidado, a su manera claro.

muy cuco

Todo muy cuco de día

La noche se alargaba y tan solo quedábamos los tres mosqueteros (lo sé está muy maíno…pero es como alguien nos apodó y así se quedará). Todo parecía indicar que seria una noche inolvidable en Budapest. Y así fue. No sé muy bien donde fuimos pero recuerdo, sin embargo, la gran cantidad de gente con la que hablamos y que ya son parte de nuestra historia. Conocimos por ejemplo a un tipo que trabajaba de “date coach” y que el mismo no seguía sus propios consejos como mirar a los ojos….aunque no éramos su objetivo, nunca nos miró a los ojos…weird. Aunque el tío conseguí vivir engañando a sus paisanos prometiendo ligues y lujurias. Llevaba 2 años viviendo de eso en Budapest y preparando viajes de citas a otras ciudades como a Barcelona. Aunque parece una vida idílica a este tipo le quedan pocos años de vida, mucha fiesta para una sola persona.

Más tarde la noche nos agració con la tía más loca que había conocido estos días, mitad española mitad francesa y con una de las chicas más bajas que haya podido conocer, esta española 100%. Nos unimos a su grupo sin dudarlo pues nos aseguraba el tipo de cordura que buscábamos en Budapest.

Juntos recorrimos unos cuantos locales, todos y cada uno de ellos de estética underground, si es que el underground tuviera estética. Todo improvisado pues nadie conocía nada hasta que preguntábamos a algún lugareño. El último de ellos se daba un aire a la famosa casa ocupa de Berlín pero con una terraza deslumbrante. Lo mejor de todo sin duda la compañía, podríamos haber ido a un parque o a un bar sin ambiente y nosotros mismos lo hubiéramos creado con nuestras historias, nuestros bailes y nuestras risas.

Un día largo, si señor, pero mítico también, que acabó tomando un giros (kebab) camino del hostal y contando las batallas de la noche y programando las próximas aventuras de los tres mosqueteros.

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