Un día en Roskilde. A Day in Roskilde.

El sábado empezó como empiezan los grandes días de Roskilde (y no nos engañemos, como comienzan todos), con un desayuno a base de agua y con las proteínas de un sándwich de salami con queso y algo de tomate que nos aporta toda la energía para una larga jornada en Roskilde. Puede que ese día tuviéramos suerte y también saboreáramos caballa o salchichas crudas, pero me extraña pues no quedaban ya muchas provisiones. Y por supuesto todo ello guardado celosamente en una caja de cartón en el  suelo de nuestra tienda de 6 personas. Una pena vamos. Pero esa es la mejor parte de la mañana, el desayuno. Después comienza un lento letargo de arrastrarse por el suelo con la esterilla buscando sombra, agua y un poco de paz para conciliar de nuevo el sueño (por supuesto sin éxito).

Gracias a dios todo cambia cuando la ducha entra en juego y nos espabilamos un poco con la higiene diaria. Todo se dinamiza demasiado rápido y parece, a veces, increíble como pasamos de un estado comatoso a la vorágine de organizarnos para marchar a la batalla. Dicha organización consiste básicamente preparar nuestra poción mágica que nos hará invencible el resto del día. Es decir Ron para el festival y un calimocho que nos entretenga el camino hacia los conciertos.

Por otro lado, y aunque parezca contradictorio, asombra la poca resaca con la que nos levantamos. Todo tiene su secreto y el de Roskilde es la hidratación continua, pues en todo momento hay disponible agua que los voluntarios ofrecen sin descanso. Gracias a esto se consigue que la resaca sea nula y explique que día tras día bebamos como si no hubiéramos bebido el día anterior. Aunque bien es cierto que en ocasiones tomarse un ron a palo seco o un vino tibio resulte de un esfuerzo mayúsculo y del que, ciertamente, conocemos los resultados.

Total. Ya está todo listo para el día grande de Roskilde 2013. Aseados, despejados, nuestras mejores galas y una provisión de alcohol y pasta gansa que gastarse en más alcohol (y en ocasiones puntuales algo de comida).

Empiezan los conciertos. En esta ocasión nuestro objetivo es llegar a las 16.00 al Arena para ver a Efterklang, unos clásicos del festival por eso de ser del lugar. Una música, como expresarlo adecuadamente, precisa y preciosa que es ideal para relajarse y para empezar la ristra de conciertos que nos quedan. No necesitamos nada, tan solo música, cerveza fría y gente con la que escucharla. Mientras se reservan fuerzas para otra batalla (Esto no nos exime en ningún caso de hablar con cualquier que se acerque a la bandera y entablar amistades, a veces de pocos segundos). Más tarde, algo que parecía tan prometedor como escuchar a Kris Kristofferson tiraos en el césped al solecito se convirtió en un pequeño infierno. Demasiado sol con demasiado poco alcohol. Cambio de plan: ¿qué tal comer algo para coger fuerzas? Hecho. Algo se comió pero el sol seguía tostando nuestras cabezas sobremanera.  La “siesta” nos salvará. La siesta, claro, en una sombra de la apacible zona de prensa hasta que nuestro amigo K.K. acabara su emocionante show.

El sábado se estaba complicando, tres días seguidos de fiesta empezaban a notarse en el cuerpo y para gente no entrenada (no era mi caso) estaba haciéndose cuesta arriba la tarde dél sábado. ¿Quien dijo que divertirse 5 días seguidos fuera fácil? A los hechos me remito.

Era la hora de enfrentarse a nuestro destino: “Todos en pie. Que hay mucho que hacer (esa frase era muy de mi padre los domingos por la mañana, jajaja). Venga que empiezan los National y ahí que venirse arriba”.

El CONCIERTO del festival daba comienzo y a la hora de entrar a la zona protegida nos volvimos todos un poco locos con el ansia de verlos de cerca y nos perdimos. No pasa nada, al cabo de unas cuantas canciones volvimos a nuestra querida bandera. Ahora sí, todos juntos. Disfrutando de un concierto perfecto, con nuestros seres queridos alrededor, con nuestro ron extra-añejo y nuestro Cohibas. Dorándonos al sol del atardecer nórdico. La felicidad era tal, y todo era tan bello que parecía una postal, que por supuesto guardaremos como un tesoro hasta que nos llegue la hora. Esos momentos son los que nos acercan a la VIDA y con los que nos reencontramos con nosotros mismos. Cada segundo, cada acorde, cada nota, cada suspiro del cantante, cada bocanada de aire (o cohibas), cada trago de cerveza (o ron), cada sonrisa de cada uno de nosotros, cada abrazo que nos dimos, cada intento de cantar las canciones,… lo vivimos como si fuera el último de nuestras vidas y eso hizo el momento único e irrepetible. De hecho fue un momento único que no se volverá a repetir y que en cierta manera será el último. En la vida hay que buscar momentos como estos, pero es cierto que no son muchos, quizás una boda o un nacimiento, pero pocos más. Como decía mi hermano en un tuit de ese preciso instante: Happiness is happening!

Todavía extasiados fuimos al siguiente concierto, no importó cual pues seguíamos en la nube (y además llegamos tarde). Estábamos tan de subidón, tanto que nos animamos a hacer un bote para alcohol. D (de drogas Duras tipo durbitan) se encargó del bote. Pobre,…mucha responsabilidad para él. Vino comprado. Una veintena de chupitos también. Chupitos que solo gustaban al bueno de D. Creo que su noche acabó en ese preciso instante. Nadie dijo que fuera fácil.

Ya nada nos podía parar ni el conceirtaco de Metallica ni el de Sigur Ros. Recuerdo, como a la mitad del concierto de Metallica fui a comprar un poco más de abastecimiento para mis chicos. En la barra pidiendo, ayudé de alguna manera a una Islandesa… todo fue muy rápido pero sin que ninguno de los dos nos diremos cuenta nuestros labios se estaban besando. Fue algo fugaz, muy fugaz. Pero creo que ambos necesitábamos ese pequeño instante de anonimato entre la muchedumbre, para hacer el concierto de Metallica más memorable. Pero desde luego no fue lo mejor de la noche, aún quedaba un asunto posterior (Parece que tendré que hacer una tercera entrega de Roskilde).

Salí antes de que acabara Metallica a realizar una serie de fotos con el iphone a los pies de Sigur Ros (recordemos que en esta ocasión iba acreditado como fotógrafo). Y no, no me daba vergüenza hacer fotos con iphone mientras todos llevaban sus Nikon o Canon, porque ellos no disfrutaban realmente de lo que tenían enfrente (o a sus espaldas). Y no me refiero al grupo tocando, sino a una cantidad de gente volcada para ver a uno de sus grupos del festival (dejar de ver Metallica para estar allí significa que realmente te gusta Sigur Ros). El ambiente que se veía desde la posición de fotógrafo era asombrosa y las sensaciones que trasmitía todo el público indescriptible (bueno a lo mejor si se puede describir, pero yo no soy ese).

Una vez acabado mi momento místico bajé a disfrutar con los míos. Con una grata sorpresa entre ellos. Pero eso es carne de otro post.  Llegó el final del concierto y lejos de estar cansados estábamos ávidos de más música, más experiencias que vivir y anécdotas que contar el día siguiente. A partir de aquel momento cualquier cosa que ocurriera a cualquiera de nosotros  iba a ser grandiosa. Y sin duda lo fue para todos.

Uno de los momentos del día:

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1 thought on “Un día en Roskilde. A Day in Roskilde.

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