Crónica de un VIAJE (I). New York.

Cuando alguien planea un viaje a New York lo hace pensando en todo lo que tiene que ver. Quiere aprovechar cualquier minuto del día en ver todo aquello que ha visto tantas y tantas veces en películas, series, anuncios, periódicos, telediarios… Por eso tiene agendas repletas de visitas, itinerarios agobiantes y los pies llenos de ampollas. Por suerte no planee nada mi viaje a New York. Por suerte vino mi hermano Andrés con su relax. Por suerte estaba allí D (de Drogas Duras…tipo Durbitan…) para guiarnos con maestría.

Todo comenzó ya en el aeropuerto y con la típica retención que me hacen los simpáticos policías de los states. Resulta que mi nombre es muy común y seguramente haya muchas referencias a narcos colombianos o mexicanos…quien sabe…por lo menos “por esta vez me dejaron pasar” (según me dijo el agente, que cachondos). Pues empezamos bien en el país de la libertad!!

Por fin conseguí entrar en la ciudad de los sueños, pero no voy a decir lo que vi y lo que dejé de ver, creo que todo el mundo sabe lo que hay allí y todo el mundo sabe que es inabarcable verlo todo en una semana larga. De lo que sí puedo hablar son de las sensaciones que me trasmitió la ciudad, seguramente no tan bien como lo hace Enric Gonzalez en su más que recomendable: “Historias de New York”, pero lo intentaré.

Para empezar,…allí todo es auténtico. Todo es lo que parece ser, quiera decir eso lo que quiera decir. Hablando de comida, por ejemplo, un restaurante chino,…es un restaurante chino de verdad, uno indio…joder te lo podías encontrar en el mismísimo “Taj Majal” (si en dicho palacio te pudieras encontrar taxistas Indus deseosos de un buen picante para saciar su hambre),  una pizza italiana sacadas de la mismísima Provenza…y así todo.

La gente es auténtica, de todos los lados del mundo pero auténtica. En una semana escasa conocí a Canadienses, Húngaros, Alemanes, Croatas, Italianos, Holandeses y por supuesto estadounidenses de todas las regiones,…además de muchos más que en mi estado de exaltación de la amistad no reparaba de donde eran y simplemente compartía con ellos una conversación en un tiempo y en un lugar preciso y que ya son parte de mi historia personal. Todos ellos sabiendo que están en NYC no  escatiman en dar lo mejor de si mismos…igual que hice yo, igual que hace cualquiera que tenga dos dedos de frente y sepa que es una experiencia única que no se puede dejar pasar por alto.

Un caso singular es Ethian Navarro, que se nos presentó en la terraza del Whitney Hotel de Brooklyn haciendo un intento de hablar español, pero que rápidamente cambió al inglés. Decía ser español, puede que fuera cierto, pero que viviera en Estados Unidos desde pequeño,..cualquiera sabe. Lo que si es cierto por como lo contaba y como lo expresaban sus intensos ojos azules eran sus otras historias de su vida: fue voluntario (francotirador) a la guerra de Vietnam en 3 ocasiones, según él se hizo adicto a la adrenalina pues sabía que cualquier noche podía ser su última. Saboreaba cada momento de su vida: cada bocado de comida, cada trago de cerveza, cada polvo que echaba, cada rato con sus amigos. Todo estaba impregnado de esa sensación única de disfrutar como si fuera su último día en la tierra. Que aprendemos una vez más de esto, fácil, no creo que necesitemos ir a la guerra o que nos diagnostiquen un cáncer para intentar valorar cada momento como único e irrepetible. Por cierto, al bueno de Ethian también le diagnosticaron un cáncer hace poco, por eso disfrutaba en la terraza de una botella de Champán con su mujer, volvía a necesitar disfrutar de todos y cada uno de sus momentos, aunque seguramente aprendió la lección cuando volvió de Vietnam sin unos cuantos amigos o cuando también murieron compañeros suyos Policías en las calles del Bronx. Sí lo sé, parece increíble, pero también fue policía en el Bronx de los años 80, pudo, ser sin temor a equivocarme, una de las zonas más peligrosas de todo el mundo en esos años.

En fin, para eso viajamos, para eso conocemos gente, para eso tomamos cerveza en bares, para VIVIR a través, quizás, de historias memorables. Por cierto ahora en el descanso de su merecida jubilación está trabajando como actor secundario en series como Ley y Orden o en La última película de los hermanos Cohen. Un último apunte que prefiero no olvidar, en su juventud, 19 años, parecía disfrutar de la guerra, pero desde hace mucho mucho tiempo todos esos recuerdos y atrocidades (en las que el mismo se incluyó) de la guerra volvieron a su cabeza atormentándole. Quizás deberían ir a la guerra sólo personas mayores de 40 años…con cabeza y conciencia…a lo mejor, y solo a lo mejor..no existirían las guerras.

Como venía diciendo, la autenticidad impregna cualquier rincón de la ciudad y eso se debe a su pasado, que en ocasiones pude resultar tormentoso pero que el mestizaje ha convertido en algo bello, pues cualquier inmigrante llegado de cualquier parte del mundo que desembarcaba en NYC hace un par de siglos no se adentraban hacia el interior sino que buscaban el futuro prometido en esas tierras….y de esos lodos estos barros!!! (a veces un poco de historia no viene mal).

Otra parte asombrosa de la ciudad es que todo parece en ebullición. Hay movimiento. Se puede incluso saborear las ganas de los habitantes por comerse el mundo cueste lo que cueste. El tejido empresarial de ese país es asombroso y la verdad es que saben como sacar negocio de las esquinas. Es difícil ver un comercio cerrado, que los habrá, pero seguramente se suplirá rápidamente por otro visionario o emprendedor. Remarcable es por ejemplo el emporio Judío de B&H donde todo está mecanizado y cada persona tiene una tarea fija e indiscutible…pero eso es harina de otro costal. Mucho tienen que aprender los españoles que ansían un puesto fijo sin emoción alguna de funcionario o cualquier otro puesto rutinario. Vamos joder….que también hay que aprovechar y vivir en el trabajo, no solo sentarse y esperar la hora de salida (todo esto con mucho respeto a los funcionarios que trabajan duro, como mi madre).

Con esto ya vale por hoy….Pero continuará…todavía queda mucho que hablar y escribir de esa ciudad, aunque parezca ya todo escrito. Algunos lo clavaron como Enric Gonzalez o LORCA:

Calles y sueños

Ciudad sin sueño

Nocturno de Brooklyn Bridge (extracto)

“…No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Hay un muerto en el cementerio más lejano

que se queja tres años

porque tiene un paisaje seco en la rodilla;

y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto

que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda

o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.

Pero no hay olvido, ni sueño:

carne viva. Los besos atan las bocas

en una maraña de venas recientes

y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso

y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día

los caballos vivirán en las tabernas

y las hormigas furiosas

atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día

veremos la resurrección de las mariposas disecadas

y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua…”

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